Neruda no podía vivir sin el amor. Necesitaba estar permanentemente enamorado, de lo contrario, no había inspiración. No sólo para la poesía amorosa; tambien necesitaba estar al lado de la mujer amada para combatir políticamente, para descubrir su Canto General por Chile y América, para defender a España en el corazón, para observar el mar que llega y se va, para escribir las múltiples odas a todo lo que le rodeaba. Por eso, de la mano del amor fuimos conociendo al protagonista de versos que, en distintos idiomas, siguen dando la vuelta al mundo. Penetramos en la vida íntima del poeta a través de las grandes musas que lo inspiraron y amaron a lo largo de su vida; Albertina Azócar, Delia del Carril (La Hormiguita) y Matilde Urrutia. Tuvimos la maravillosa oportunidad de entrevistarlas en la intimidad; de conocer, a partir de una mirada de mujer, cómo amaba este genio de la literatura universal.
Delia del Carril (La Hormiguita)La motivación de realizar este libro surgió en 1982. Habían transcurrido nueve años desde el golpe militar y los temas políticos estaban censurados. Había poca libertad de prensa y un poeta comunista como Neruda no tenía cabida en el escenario cultural del país. No se editaban sus libros. No se hacían mesas redondas acerca de su obra. No habían artículos de prensa sobre él, y las librerías eran un triste reflejo de esa realidad: en los anaqueles se encontraban muy pocos ejemplares de sus libros. Era necesario un remezón para despertar del letargo. Ello sucedió cuando partí a Madrid y Barcelona en una breve gira turística. Estando allá me llamó la atención la cantidad de textos de Neruda que publicaban renombradas casas editoriales. La admiración de los españoles se reflejaba en permanentes talleres y foros, y en la venta masiva de sus creaciones.
Mientras Neruda se engrandecía en el extranjero, se minizaba en nuestro país.
En ese contexto nació la idea de realizar una serie de publicaciones en el diario La Tercera, a través del suplemento dominical "Buen Domingo". En poco tiempo reunimos un equipo de investigación periodística y nos lanzamos a traer a Neruda del olvido. Durante varios meses nos sumergimos en esa causa. Una quijotada, tal vez, pero muy gratificante. Para trabajar, nos distribuimos los temas: sus amores, sus casas, su vida política, sus colecciones y libros. Sus amigos y enemigos. Su premio Nobel y su muerte.
Gracias al apoyo de un medio de comunicación masivo llegamos a todos los rincones de Chile, hicimos decenas de entrevistas, recolectamos documentos, cartas y fotografías hasta entonces inéditas. Se cumplió el objetivo de rescatar a Neruda del anonimato y darlo a conocer en una nueva dimensión. La serie se denominó "Recordando a Neruda" y fue `publicada durante casi tres meses entre el 12 de julio de 1982 -nacimiento del poeta- y el 23 de septiembre, en el noveno aniversario de muerte.
Recibimos muchas cartas de apoyo de intelectuales y de gente anónima. Uno de los aspectos que más emociones despertó fueron los capítulos dedicados a las mujeres que amó Neruda. De hecho, la serie se inició con una entrevista exclusiva a Matilde Urritia, quien abrió por primera vez -desde la muerte de Neruda- su casa de Isla Negra.
No fue fácil llegar a ella, una mujer desconfiada y distante. Para concertar la entrevista intentamos comunicarnos durante varias semanas, pero su respuesta era siempre un "veremos más adelante". Matilde, obviamente, no estaba contenta con la situación política del paés. Tenía motivos de sobra. Un sobrino suyo fue detenido y luego desapareció, y la casa de Isla Negra, como todas las propiedades del poeta, fue confiscada por el gobierno militar, pasando a depender del Ministerio de Bienes Nacionales. Matilde podía hacer uso de ellas mientras estuviera viva pero ya no era su dueña. El dolor por la muerte de Pablo, a once dias del golpe militar, junto con el allanamiento de La Chascona y La Sebastiana, pasaron a ser recuerdos traumáticos para la viuda del vate. Su actitud era comprensible, pero nuestra insistencia pudo más que el rechazo en sus inicios.
Finalmente, Matilde nos recibió en la casa de Isla Negra un frío día de invierno. Se veía algo incómoda, pero estaba dispuesta a dar su testimonio para honrar la memoria de Pablo. El tiempo pasó volando y acordamos un nuevo encuentro. Para la segunda entrevista nos recibió en La Chascona con una sorpresa. Había decidido mostrarnos su más preciado tesoro: los originales de Los Versos del Capitán. De una caja de madera fue extrayendo papeles, servilletas y pequeñas hojas de block donde Pablo le escribió sus más apasionados versos de amor. Los fue leyendo uno a uno, reconociendo que era ése -donde Pablo era el Capitán y ella, Rosario de la Cerda- su libro más querido. En sus páginas había quedado inmortalizada una larga historia de amor clandestino que ella disfrutó durante casi siete años.
Esa segunda conversación se dio en un tono relajado y distendido, completamente distinto a la primera. El esfuerzo iba dando resultados y las publicaciones en La Tercera cosechaban aplausos. Habíamos logrado una parte importante de nuestro objetivo. Quedarían aún otras dos mujeres claves en la vida del poeta: Delia del Carril, La Hormiguita y Albertina Azócar. Con esta última el asercamiento fue más fácil. A pesar de su timidez y poca locuacidad, realizamos tres entrevistas muy reveladoras. Tal como Matilde, en la última decidió mostrarnos los originales de las 111 cartas de amor entre Pablo y ella, y varios poemas que formaron parte del libro más famoso de Neruda: Veinte poemas de amor y una canción desesperada, del que fue una de sus musas, que ha llegado a vender más de siete millones de ejemplares en el mundo, lo que en poesía representa una cifra importante.
Quizá la más emotiva entrevista fue la realizada a Delia del Carril. Tenía 98 años y su dulzura nos conquistó. Era una mujer fina y exquisita, que en su frágil memoria todavía recordaba a Pablo como si estuviese vivo. Siempre sonrió, nunca puso objección a alguna a las preguntas o a las fotos y su coquetería estuvo permanentemente presente, como en sus mejores tiempos. Los 20 años de edad que la separaban del poeta no fueron obstáculo para una madura convivencia que se inició en Madrid, en los meses previos a la Guerra Civil Española.
Tres mujeres. Tres inspiraciones diferentes. Tres musas de las muchas que tuvo el poeta enamorado. No hay duda de que la inspiración le surgía a partir del amor, en especial cuando no era correspondido, y estaba plagado de situaciones no resueltas. Entre las dudas y los temores iba creciendo su imaginación. También se desesperaba cuando no recibía respuestas. Mientras más enmañarado estaba su corazón, más fluía su creatividad. Quedó bien demostrado en su obra. En el Poema 18, le dice a Marisombra (Albertina Azócar): Amo lo que no tengo. Estas tú tan distante.
Y a Marisol (Teresa Vásquez), lleno de melancolía, le escribe el último de los veinte poemas: Puedo escribir los versos mas tristes esta noche./Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
Con Matilde Urrutia la historia no es distinta; las penas de amor también están presentes:
Qué tienes, qué tenemos,
qué nos pasa?
Ay, nuestro amor es una cuerda dura
Que nos amarra hiriéndonos
Que nos amarra hiriéndonos
(De "El amor", en Los Versos del Capitán)
Los encuentros con estas mujeres nos hicieron entrar poco a poco en la vida y obra de Neruda.
Así nació mi entusiasmo por el poeta. Veintidós años después, en vísperas de las celebraciones del centenario de su nacimiento, estas vivencias y el recorrido por su vida amorosa nos llevaron a realizar este libro. Pese al tiempo transcurrido, vuelvo a comprobar que todavía existen historias que contar sobre el poeta, aún existen recuerdos que nadie conoce, vivencias que permanecen en la memoria de distintas personas, algunas todavía reacias a compartirlas.
Si después de leerlo queda alguna semilla en un alma sensible, quedará profundamente logrado mi objetivo, que no es otro que dar a conocer el aspecto humano de un genio universal.
Las mujeres que lo amaron intensamente están aquí, en estas páginas. Nadie mejor que ellas para descubrir la genialidad de nuestro premio Nobel.
Inés María Cardone, De la mano del amor - Los Amores de Neruda
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